sábado, 5 de julio de 2008

El Camino a Santiago de Compostela

Santiago de Compostela es la capital de Galicia y se localiza en la provincia La Coruña, al noroeste de España. Ahí, cada año, el 25 de julio, se celebra a Santiago el Mayor, apóstol de Jesús, hijo de Zebedeo y hermano de San Juan Evangelista. Llegó a ser santo patrón de España y su sepulcro fue localizado en la ciudad que ahora visitamos, misma que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985 por la UNESCO.

Este apóstol murió martirizado en defensa de su fe cuando transcurría el año 44 de nuestra era e Hispania era una de las más prósperas provincias del Imperio Romano. La cultura romana dejó su huella en las murallas de Lugo, en los puentes de Ourense y en la torre de La Coruña.

La ciudad está cruzada por calles estrechas, palacios y conventos, en cuyas puertas se tallaron historias de religión y de la vida de sus santos y reyes.

Cuando la festividad ocurre en domingo se llama Año Santo Jacobeo y la Puerta Santa, entrada principal de la catedral, permanece abierta el resto del año (hasta el 31 de diciembre) para que por ella ingresen quienes desean visitar la tumba del apóstol. Ahí los peregrinos culminan su largo peregrinar desde distintos puntos ibéricos, en especial por el Camino de Santiago, cuyo trazo parte de la ciudad Saint Jean Pied de Port, en Francia.

En el año 1122, el Papa Calixto II concedió el perdón de los pecados a quienes peregrinaran a pie o a caballo (ahora en bicicleta) hasta la capital gallega e ingresaran a la catedral. De ahí que creyentes de todas las edades y condiciones sociales caminen durante todo el año, en especial en torno a la festividad del santo patrono de Compostela y de toda España.

Antes del cristianismo, ir de Saint Jean Pied de Port hasta Compostela ya era un recorrido realizado por celtas, suevos y romanos, empero ellos iban a un lugar llamado Finisterre (Costa de la Muerte), una pequeña península ubicada en el actual territorio gallego.

En el año 814 d.C., cierto ermitaño llamado Pelagio observó caer una lluvia de estrellas sobre un montículo. Acudió con el obispo local, quien se hizo acompañar de guardias y excavadores. Así descubrieron las tumbas donde estaban sepultados Santiago el Mayor y dos de sus seguidores.
Sobre ese campo de estrellas (Compostela, en gallego) se edificó una capilla y, en torno a ella, la entidad que atrae al visitante, cuyo punto de ingreso para los peregrinos es Monxoi (Monte del Gozo), desde donde se aprecia una panorámica maravillosa. De ahí que el final del Camino de Santiago no sea la ciudad en sí, sino Finisterre.

La noticia de tan celestial descubrimiento se extendió por los reinos cristianos del norte de España (la parte centro y sur de la península se encontraba invadida por los musulmanes), atravesó rápidamente los Pirineos y, en unos cuantos años, llegó a toda la Europa Medieval.
Fue así como personas llegadas de todo el continente fueron a Compostela a venerar al apóstol Santiago, y el milenario camino druida se transformó en un sendero de fe, de arte y de cultura.
Varias rutas llevaban a los viajeros hacia Compostela, siendo la más popular la que atravesaba todo el norte de la península, comenzando por Roncesvalles, la ciudad navarra en donde las tropas victoriosas de Carlomagno encontraron su única derrota.

Estos devotos caminantes se guiaban siguiendo la Vía Láctea, cuyas estrellas van de Oriente a Occidente. Es por eso que al Camino de Santiago se le conoce también como el Camino de las Estrellas.

Eran tan populares dichas peregrinaciones que el inmortal Dante Alighieri afirmó: “sólo es peregrino quien camina hacia la tumba de Santiago”. Otro grande de las letras, el alemán Johann Goethe, llegó a decir que “Europa entera se hizo peregrinando a Compostela”.

Santiago de Compostela fue, junto con Roma y Jerusalén, la gran capital de la cristiandad. Hasta allí peregrinaron reyes como Alfonso II de España, santa Isabel de Hungría, el emperador franco beato Carlomagno, por quien Europa no fue musulmana, pues los derrotó y frenó en Poitiers; o santos como Francisco de Asís, así como millones de esperanzados peregrinos de todas las razas y condiciones sociales.

Algunos venían desde la ahora Inglaterra y se detenían en lo alto de la Torre de Saint Jacques en París, para que, junto con los galos devotos, el obispo de la ciudad les bendijera sus bastones y báculos.

La ciudad de Santiago de Compostela adquirió pronto una gran relevancia, convirtiéndose en uno de los centros culturales y económicos más importantes de Europa. En el siglo XI se construyó una catedral, no sólo imponente, sino un templo espiritual, y tiempo después se fundó una de las universidades de mayor prestigio en el mundo.

Esta Europa llena de fe y de esperanza, llena de misticismo y valentía, que supo conjugar a la perfección la cruz y la espada, fue la que peregrinó masivamente a Compostela por el Camino de Santiago, por el Camino de las Estrellas, por el camino, en fin, de Europa entera.

Antes de arribar a tierra compostelana, quien así lo desee, puede acudir a la misa que se oficia diariamente en punto de las 12 del día en honor a los peregrinos; es en una capilla situada en lo alto del Monte del Gozo.

A su vez, al llegar a la catedral hay que seguir ciertos ritos, como colocar los dedos de la mano derecha sobre la Columna de Parteluz, en la fachada llamada Pórtico de la Gloria, solicitando al mismo tiempo una gracia por parte del apóstol.

Después, se debe ingresar al templo para arrodillarse frente a la imagen que representa al apóstol Mateo y solicitar perdón por los pecados cometido. Si bien al hacerlo es preciso golpearse levemente la cabeza tres veces contra la testa del santo, a fin de contagiarse de su sabiduría (a esta acción se le llama “coscorrón”). Por supuesto, el siguiente paso es visitar la tumba de Santiago y abrazar su efigie.

Pero eso no es todo lo que los caminantes realizan, ya que el final verdadero de la peregrinación –reiteramos– es Finisterre. La costumbre indica que es necesario lanzar al mar alguna de las prendas de vestir utilizadas durante el viaje, con lo cual el creyente, según se dice, renace de manera espiritual.

La catedral se ubica en la Plaza del Obradoiro (rodeada por otras cuatro plazas) y su construcción se inició en 1075 en estilo románico, sobre una superficie de 23 mil metros cuadrados.

A su vez, el interior del inmueble es de estilo barroco y requiere ser observado con detenimiento para apreciar los detalles de los altares, retablos y capillas, así como sus amplias secciones recubiertas con hoja de oro de bastante pureza.

La ciudad cuenta con un casco histórico en cuyos edificios hay gente bulliciosa que acude a la universidad de Santiago, de alto prestigio académico. El centro cívico es la Porta Faxeira, con terrazas al aire libre donde es posible conocer a personas, descansar y saborear vinos exquisitos, elaborados en las viñas jacobeas.

Caminando por callejuelas antiguas con casonas de cantera, se llega a la Plaza del Toral, donde se erige el Palacio de Bendaña del siglo XVII. En este sitio destaca la representación de Atlas, titán griego encargado de sostener sobre su espalda al mundo, mismo que dejará caer de inmediato si una mujer virtuosa pasa debajo del monumento.

Por la calle Nova se localizan los palacios de Santa Cruz y Ramirans, así como el Teatro Principal y Templo de Santa María de Salomé (dedicado a la madre del apóstol Santiago). Éste fue edificado en el siglo XII y muestra diferentes estilos en su gran diversidad de elementos, dado que se terminó hasta el siglo XVII.

El Hostal de los Reyes Católicos fue construido hacia 1501 como hospital real, en donde eran atendidos los peregrinos enfermos. Hoy en día está convertido en el más elegante parador de turismo de España.

Antes de emprender la peregrinación, todo devoto debe obtener carnet especial, en el que se registra con firma y sello su paso por diferentes parroquias, monasterios, municipios o albergues de la ruta –iniciada en Saint Jean Pied de Port en Francia y proseguida en España por Pamplona, Burgos, León y Compostela–. Sin este carnet no es recibido en refugios oficiales.

El documento se adquiere en el punto de partida francesa o en Colegiata de Roncesvalles en Navarra. La ruta cubre mil 303 kilómetros que se pueden recorrer en tramos de 50 kilómetros al día o de 30 kilómetros, que llevarán al Campo de Estrellas, Compostela, en unas seis u ocho semanas. Para muchos, las más significativas y transformadoras de su vida.


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Se antoja... No???